Los farmacéuticos rurales andaluces (AFAR)
emprendieron hace un mes una batalla verbal por conseguir incluir en el
proyecto de Ley de Farmacia Andaluza (LFA) un concurso previo de
traslados que mejore la situación de los que cada día trabajan en zonas
aisladas o despobladas, con menos infraestructuras y necesitan el apoyo
de los agentes sanitarios.
Pues bien, parece que esa lucha de
palabras le ha sabido poco a AFAR y en su última munición no se han
andado con tonterías y han cargado las tintas con verdadera dinamita,
nada más y nada menos que pidiendo que rueden cabezas, sin especificar
cuáles, porque demandan la dimisión completa del Consejo Andaluz de
Colegios Oficiales de Farmacéuticos (Cacof).
El motivo lo deja
bien claro AFAR. Según este colectivo, la posición del Cacof "no ha
tenido en cuenta" los intereses generales de la población y sí los
"económicos y puramente mercantilistas". El Consejo, por su parte, se
muestra más tranquilo y sólo pide "paciencia" y "diálogo hasta el fin
parlamentario".
Sea el interés del tipo que sea, está claro que
la LFA llega al Pleno para su votación final esta semana con demasiados
frentes abiertos y posturas encontradas, actitudes que seguro no
ayudarán a encontrar un consenso unánime y que podrían hacer olvidar
los verdaderos protagonistas de esta norma: la farmacia y los
ciudadanos andaluces.